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Salmónidos

El cultivo de salmón atlántico (Salmo salar) en jaulas empezó en Noruega en la década de 1960. Los productores alcanzaron un éxito tan acelerado que  provocó el desarrollo y establecimiento de la acuicultura de salmón atlántico en Escocia, Irlanda, las Islas Feroe, EE. UU., Canadá, Chile y Australia.

El salmón atlántico

 

En la actualidad se producen aproximadamente 2,6 millones de toneladas métricas de salmón atlántico en todo el mundo, y Noruega es el principal productor (alrededor de 1,36 millones de toneladas en 2019), seguido de cerca por Chile.

Las principales razones de su éxito como especie de acuicultura, son su alto valor de mercado combinado con su capacidad para adaptarse a diferentes entornos y procesos de manipulación. Como la mayoría de las especies de salmónidos, el salmón atlántico es anádromo, lo que significa que su ciclo de vida natural empieza en agua dulce, donde pasan los primeros años de su vida (1 a 6), antes de emigrar al agua de mar y después volver otra vez a desovar en agua dulce para completar su ciclo de vida. Esto se ha replicado en la producción comercial del salmón atlántico: primero, los salmones se crían en estanques de agua dulce; después de desovar, se alimenta a los peces juveniles empiezan hasta que se transforman en salmones jóvenes, momento en que se transfieren a jaulas marinas. En la fase de agua dulce, se vacuna a todos los peces antes de su esmoltificación, de forma que estén preparados para la nueva vida en agua de mar.

 

Trucha arcoíris

La trucha arcoíris (Oncorynchus mykiss) es una de las especies más comunes de agua dulce que se cultivan en Europa, EE. UU, Oriente Medio y Chile. El mercado para estos peces se divide esencialmente en dos partes: uno para la trucha arcoíris de tamaño pequeño y otro para la trucha de tamaño grande. Las truchas pequeñas se crían en agua dulce, mientras que las grandes se crían de forma similar al salmón atlántico. Los principales productores de trucha arcoíris grande son Chile, las Islas Feroe, Escocia, Dinamarca y Noruega.

 

Desafíos para la acuicultura de salmónidos

En las primeras décadas de la acuicultura de salmónidos en jaulas marinas, la industria emergente enfrentó varios problemas de infecciones bacterianas y virales además de agentes infecciosos parasitarios y micóticos. Esto se tradujo en un crecimiento más lento, altas tasas de mortalidad y un uso generalizado de antibióticos y antiparasitarios.

A principios de la década de 1990, con la introducción de las primeras vacunas oleosas inyectables de PHARMAQ, empezó una verdadera revolución en el campo del manejo de la salud de los peces. La vacuna oleosa contra la furunculosis se hizo multivalente en 1992, lo que aseguró la protección contra tres tipos de bacterias causantes de vibriosis. Un quinto componente contra la úlcera de invierno (Moritella viscosa) se incluyó en 1996. En 1997, se lanzó la primera vacuna de seis componentes para peces, incluido un componente de virus de la Necrosis pancreática Infecciosa (IPN, por sus siglas en inglés).

La introducción de las vacunas oleosas permitió a la industria plagada de enfermedades alejarse del uso intensivo y generalizado de antibióticos, y orientarse a la prevención y protección mediante la vacunación de rutina. La vacunación eficaz puede haber sido el factor más importante que permitió a la acuicultura de salmónidos mundial crecer desde alrededor de 250.000 toneladas en 1990 hasta 2.500.000 toneladas en 2018.

 

Salmónidos y la reducción de antibióticos

La introducción de las vacunas ha hecho posible que la industria de cultivo de salmónidos disminuya el uso total de antibióticos. Comparado con los niveles de 1987, el sector acuícola de Noruega ha reducido su uso de antibióticos en un asombroso 99,8 % por tonelada de salmón y trucha producida. En 2019, Noruega solo se usaron 222 kg de antibióticos en la producción de 1,3 millones de salmones y truchas.

 

Desde la introducción de las vacunas oleosas, las vacunas de PHARMAQ se han inyectado a miles de millones de salmónidos a nivel mundial.